Como efecto paliativo tras una noche de jarana, para reponer fuerzas después de un análisis de sangre, para templar los nervios antes de una entrevista de trabajo, para criticar al jefe con un compañero de curro o para hacernos los encontradizos con ese chico de las gafas de pasta o con la chica del paraguas amarillo…

Los motivos son variopintos, pero está claro que desayunar fuera mola.

Sin rumbo fijo y guiados únicamente por nuestro instinto, en la nueva sección “Aventuras y desventuras de un desayunador itinerante” desgranaremos con un toque canalla las situaciones nos llevan a desayunar fuera y daremos cuenta de las curiosas relaciones que se dan durante las primeras horas de la mañana en ese macrocampo de estudio social que son nuestros bares y cafeterías.

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